lunes, 27 de noviembre de 2017

Buscando un nombre para 2014 MU69, el próximo objetivo de la sonda New Horizons


NASA está recibiendo propuestas para seleccionar un nombre informal para 2014 MU69, el próximo objetivo de su sonda New Horizons.

Después de visitar Plutón en julio de 2015, la sonda New Horizons continuó su camino en dirección a otro objeto del cinturón de Kuiper, un cuerpo de unos 25 kilómetros de diámetro situado 1.600 millones de kilómetros más allá de Plutón. El encuentro se producirá en enero de 2019.

En sí mismo, 2014 MU69 no tiene nada de particular. Los científicos creen que es un objeto representativo (común) del cinturón de Kuiper, pero el ser visitado por una sonda humana inmediatamente le hará ascender de categoría. Se incrustará en nuestras memorias y será un capítulo más en la exploración del espacio. Por eso los responsables de la misión están buscando un nombre que suene más ameno que una denominación que nos recuerda un código de barras o una matrícula vehicular.

Concepción artística de la sonda New Horizons explorando a 2014 MU69, posiblemente un objeto binario (NASA).


Iniciativas así ya son comunes. En su momento existió una campaña para asignar nombres provisionales a los accidentes de Plutón/Caronte, y otra campaña ciudadana auspiciada por la UAI y Zooniverse buscó bautizar a un grupo de estrellas y exoplanetas. Objetivos para bautizar sobran.

La campaña de propuestas finalizará el 1 de diciembre,  así que deben darse prisa! … Se revisarán las sugerencias y la propuesta con más votos gana. La elección será comunicada a mediados de enero. Por supuesto, cualquier nombre debe ser aprobado por la Unión Astronómica Internacional para adquirir rango oficial.

Para enviar sugerencias o votar por las ya existentes ENTRAR AQUÍ


PS. Esperemos que la elección sea más fácil que Oumuamua.


La visita de Oumuamua, el primer asteroide interestelar.



Finalmente, la humanidad ha tomado contacto con el primer objeto celeste proveniente de otro sistema estelar. El 17 de octubre, el telescopio espacial Pan-STARRS detectó un objeto estelar moviéndose por el espacio a gran velocidad. Parecía un cometa más y recibió la denominación C/2017 U1. El cálculo de su órbita nos mostró que su perihelio había ocurrido el 9 de septiembre, momento en que se aproximó a unos 38 millones de kilómetros del Sol. El objeto no había mostrado el desarrollo de la cola típica de los cometas, por tanto, la denominación de cometa fue cambiada a la de asteroide: A/2017 U1. Pero habría más sorpresas. Las observaciones mostraron que el asteroide tenía una órbita hiperbólica, dicho de otra forma, que el objeto descubierto no provenía de la nube de Oort, ni siquiera de alguna región del sistema solar: era un vagabundo de los vacíos del espacio interestelar. Había dado un giro en su trayecto, afectado por la enorme gravedad del Sol y se estaba alejando a toda velocidad, de vuelta al infinito. La UAI tuvo que crear una nueva categoría para este excepcional objeto y le dio la denominación 1I 2017 U1, donde la “I” significa interestelar, el primer mensajero de otra estrella.

Concepción artística de Oumuamua. Su forma alargada es muy inusual, dado lo que sabemos respecto a objetos de este tipo (ESO/M Kormesser)

Se decidió dar un nombre propio al objeto 1I 2017 y escogió la palabra “Oumuamua”, que en el lenguaje hawaiano denota a un explorador o visitante que hace su primera aparición por un territorio. Les va a tardar un rato familiarizarse con la palabra. Yo habría escogido una palabra menos enmarañada*, pero el descubrimiento del objeto fue realizado desde un observatorio en Hawai, y el equipo autor del hallazgo se vio con toda la autoridad para proponer el nombre.

Como resulta obvio, la noticia del descubrimiento concitó una enorme atención y muchos telescopios intentaron rastrearlo. Cuando fue descubierto Oumuamua se estaba alejando del sistema solar a una velocidad de 38 km/s. En 2018 dejará de ser visible, así que había que darse prisa. El VLT de ESO instalado en el norte de Chile entró en acción y pronto hubo resultados. Las variaciones en el brillo mostraron que Oumuamua era un objeto de unos 400 metros de diámetro y unos 30 de ancho, aunque estas mediciones contienen cierto margen de error. Tendría una composición metálica o rocosa y el color del asteroide sería rojo, similar a las manchas rojizas presentes en los cuerpos del cinturón de Kuiper (me acordé de Mordor Mácula en Caronte), delatando la existencia de compuestos orgánicos sobre su superficie. Por otra parte, el hecho de que Oumuamua no desarrollase una cola sería otra evidencia de la carencia de materiales volátiles sobre su superficie. También sabemos que Oumuamua rota sobre su eje con un período de 7 horas.

La breve visita de Oumuamua. Queda a la imaginación suponer cuanto tiempo llevaba sin acercarse a una estrella. Ahora se aleja a toda velocidad y no volverá jamás (NASA).

La aparición de Oumuamua concitó una enorme atención internacional, por la obvia razón de ser el primer asteroide interestelar, pero también porque no sabemos cada cuanto tiempo objetos de este tipo aparecen por nuestro vecindario. Tenemos el primero, y este evento ha causado una revisión de las estimaciones de cuantos de estos pedruscos deambulan por las cercanías de nuestro sistema solar. Una estimación nos dice que siempre habría por lo menos uno en un volumen de 1 UA alrededor del Sol, pero otros refutan el estudio como muy optimista, también existe el problema de que serían muy débiles y difíciles de descubrir. Los pesimistas opinan que no tendremos otra oportunidad de observar un objeto así durante décadas, incluso quizá siglos. El hecho concreto es que la aparición de Oumuamua dejó a muchos con sed de darle un vistazo más a fondo.

La concretización de este anhelo investigativo se ha dado en el Proyecto Lira, de la i4is (Initiative for Interstellar Studies). Oumuamua se acercó a nosotros desde la dirección de la constelación de Lira, de ahí el nombre del proyecto. Básicamente consiste en lanzar una sonda de exploración a toda velocidad para dar alcance al asteroide. La idea de una persecución espacial puede sonar descabellada al principio, pero tendría un fundamento sólido: si enviamos una sonda en 2025 daría alcance a Oumuamua el 2055. Por supuesto, los costos no son menores y no esta nada claro quien aportaría la financiación para el proyecto. Aventuras de este tipo se suelen planear con años (a veces décadas) de anticipación y agencias como NASA tienen todo su presupuesto ya distribuido. Por tanto, sin duda la persecución se quedará en el papel.

Persecuciones aparte, no se puede dudar que esta breve visita es un acontecimiento histórico. Ahora la gran duda está puesta en la frecuencia de esta clase de visitas. La próxima vez tendríamos que estar más preparados.


*Todos los blog divulgativos que he revisado claman por bautizar “Rama” al asteroide, en honor a la nave alienígena de nombre homónimo en un libro de Arthur C. Clarke.


domingo, 26 de noviembre de 2017

Descubrimiento de Ross 128 b, la segunda exotierra más cercana a nuestro sistema solar.



En los últimos dos años hemos vivido una oleada de interesantes hallazgos planetarios. Los descubrimientos caen rápidamente, de tal manera que muchos ya no se sorprenden y sospecho que en un tiempo más simplemente dejarán de ser noticia. Al menos en Chile la televisión abierta aún se digna a dedicarles 30-40 segundos durante los noticiarios. Si recapitulamos, el primer descubrimiento sabroso fue Próxima b, un exoplaneta que orbita alrededor de nuestra vecina Próxima Centauri, una enana roja a 4,2 años luz. Luego vinieron los planetas de TRAPPIST-1, de los que unos tres podrían estar ubicados en la zona de habitabilidad, y finalmente, para coronar el año, el Observatorio Austral Europeo (ESO, por sus siglas en inglés) nos presenta a Ross 128 b.

Concepción artística de Ross 128 b y su estrella madre. Colores y configuración de la superficie son totalmente hipotéticos. Siempre se debe recordar que no hemos visto directamente ninguno de estos mundos, y solo sabemos de su existencia gracias a métodos indirectos, como tránsitos o velocidad radial (ESO/M. Kornmesser).


El nuevo planeta fue descubierto en la constelación de Virgo, orbitando alrededor de la enana roja  Ross 128 (HIP 57548, Próxima Virginis), una estrella tipo M4 con un 15% de la masa solar y ubicada a 11 años luz de distancia. De esta forma Ross 128 b es el segundo exoplaneta (tras Próxima b) más cercano a nuestro sistema solar. Bastante cerca a escalas cósmicas. Ross 128 b sería un planeta de tipo rocoso con una masa mínima equivalente a 1,35 masas terrestres, y está ubicado a 7,4 millones de kilómetros de su estrella madre, en el límite interior de la zona habitable. Puede parecer que a tan escasa distancia de su estrella el planeta estaría frito por un intenso calor, al estilo de Mercurio, pero debemos recordar que las enanas rojas son astros muy fríos y en el caso de Ross 128 su temperatura superficial es apenas la mitad de nuestro Sol. En cuanto a su período de rotación es de 9,9 días.

Ross 128 b* fue descubierto por el espectrógrafo HARPS (High Accuracy Radial velocity Planet Searcher) del telescopio de la Silla en Chile, gracias al método de velocidad radial, que en buen español significa que usamos el efecto Doppler para identificar el pequeñísimo tirón gravitatorio que Ross 128 b ejerce sobre su estrella madre. La gravedad (en el sentido clásico de Newton) es una fuerza de atracción entre dos masas cualquiera. Así, el Sol atrae a la Tierra, pero la Tierra atrae a su vez al Sol, ejerciendo sobre él un pequeño tirón (muy, pero muy pequeño) que hace variar la velocidad con que el Sol se mueve en el espacio. Pues bien, HARPS es capaz de detectar el pequeñísimo bamboleo de Ross 128, y un análisis cuidadoso de su espectro nos permite deducir la masa de los objetos involucrados, así es como sabemos que Ross 128 b tiene -como mínimo- una masa terrestre. El descubrimiento requirió una década de observaciones con el instrumento HARPS, más complejas tareas de reducción y análisis de datos.

Lamentablemente Ross 128 b no transita por delante de su estrella madre, o para ser más precisos, el ángulo en que lo vemos desde la Tierra nos imposibilita ver el tránsito. Esto es como si nos situáramos sobre el polo norte de la Tierra y comenzáramos a elevarnos por el espacio hasta distinguir la elipse de la órbita terrestre alrededor de nuestro Sol: no estaríamos en posición de ver los tránsitos de nuestro planeta. El hecho de estar imposibilitados de ver los tránsitos de Ross 128 b nos impide obtener cualquier análisis espectrográfico por ocultación de los componentes de su atmósfera.

Ross 128 b orbita alrededor de una enana roja tipo M4. Ya hemos comentado que este tipo de estrellas son conocidas por las letales fulguraciones de rayos X y partículas cargadas, capaces de cargarse la atmósfera de un planeta, pero en este caso Ross 128 es una enana roja bastante tranquila y bien portada, en consecuencia, el planeta descubierto apenas recibe 1,38 veces más irradiación que la Tierra, así que las condiciones del exoplaneta descubierto no serían tan adversas. Las temperaturas planetarias estarían en el rango de -60 y 20°C, muy cercano a la realidad de la Tierra. Es probable que, dada la escasa distancia que lo separa de su estrella (apenas 0,05 UA), Ross 128 b presente acoplamiento de marea, es decir, que siempre muestra el mismo hemisferio hacia su estrella madre, provocando una gran disparidad en las temperaturas imperantes en cada hemisferio, pero siempre nos quedará la zona crepuscular donde las condiciones sean más favorables.



Por supuesto, a estas alturas el hallazgo de exoplanetas en zona de habitabilidad casi no es novedad, un escenario casi impensado hace una década, cuando los mundos descubiertos se contaban con los dedos de la mano (y sobraban dedos). Ahora estamos a un nivel superior de expectativas y todos quisiéramos detectar biofirmas (oxígeno, nitrógeno, vapor de agua, etc.) en la atmósfera de algún mundo. Eso sería un bombazo noticioso. Tendremos que poner nuestras presas en agua fría y esperar hasta la puesta en servicio del telescopio espacial James Webb -en 2019-  y del Extremely Large Telescope (ELT) de ESO para obtener más información sobre la composición atmosférica y química de los exoplanetas descubiertos.

Lo pintoresco es que Ross 128 se acerca a la Tierra y dentro de unos ochenta mil años (como quien dice, a la vuelta de la esquina) estará a unos seis años luz de distancia. Ya hemos hablado antes de estos acercamientos y fugas estelares. Quizá dentro de ochenta mil años la humanidad disponga de la capacidad para moverse entre las estrellas como Pedro por su casa... o quizá no, en todo caso, un exoplaneta tan prometedor a solo seis años luz de distancia suena como un objetivo muy apetecible para una futura misión de exploración.

Acercamientos estelares hasta un horizonte de 80.000 años. En ese momento Ross 128 será la estrella más cercana al Sol mientras que Próxima Centauri (actual más cercana) se habrá alejado (wikipedia).


¿Por qué tantos exoplanetas alrededor de enanas rojas?

No debemos olvidar que las enanas rojas son las estrellas más abundantes del universo, un 70% del total para ser más precisos. Por simple estadística la mayoría de las exotierras que detectemos orbitarán estrellas de este tipo. Próxima Centauri y TRAPPIST-1 son enanas rojas, también lo es la estrella de Barnard y otras distinguidas habitantes del barrio. Al parecer, la vía más rápida para descubrir exotierras en zona de habitabilidad pasa por observar a las enanas rojas.

Es una bonita forma de coronar el año. Los científicos planetarios han considerado el descubrimiento de Ross 128 b como un presente adelantado de navidad. Por supuesto, no existe ninguna certeza de que en este mundo reinen temperaturas templadas, y por el momento solo podemos especular. Necesitamos saber que elementos están presentes en la atmósfera de Ross 128 b y para eso nos falta camino. Sin duda la siguiente década, con el binomio ELT/JWST, será extremadamente productiva.

La estrella Ross 128 tiene magnitud aparente de 11 y no es visible a simple vista. Ninguna enana roja lo es.


*El consenso en cuanto a la denominación de los exoplanetas es tomar el nombre de su estrella madre y agregarles una letra en orden alfabético partiendo desde la b. Así, el exoplaneta en torno a Próxima Centauri es “Próxima b” … los mundos en torno a TRAPPIST-1 son “TRAPPIST-1 b”... “TRAPPIST-1 c”, etc.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Crónicas de un aficionado.


Hoy publicaré algo ligeramente distinto. Algunos amigos me han sugerido que comente como fue mi inicio en este pasatiempo, y que consejos puedo dar a quienes estén en un trance similar. La verdad es que me dio bastante placer recordar esos tiempos, y he aquí algunas de mis experiencias de inicio.



Cuando me inicié en esta afición no existía la enorme cantidad de materiales que hoy podemos consultar en internet. Corría el año 1995 y una carta estelar no se conseguía a la vuelta de la esquina. Yo era un joven de 13 años y no tenía los recursos para adquirir libros sobre astronomía, y ni siquiera sabía si estaban disponibles en alguna parte. Por suerte tenía una enciclopedia Salvat del Universo, que en mis primeros años me proporcionaría el material necesario. El atlas incluía unas bonitas cartas estelares y un soberbio mapa de la Luna, que yo consultaba con boca abierta y cara de bobo (perdónenme, tenía 13 años). Había algo hipnótico en esas cartas estelares, en esa infinidad de puntitos blancos (las representaciones de las estrellas) sobre un fondo azul oscuro. Las líneas de las constelaciones eran de color amarillo. Todo el conjunto tenía un atractivo estético irresistible que me cautivaba. Todavía tengo ese atlas, que guardo con la misma devoción que un bibliófilo atesora un incunable o un teólogo acariciaría los manuscritos del Mar Muerto.  Para mí es importante recordar estas cosas, porque ilustra de manera perfecta como los años de juventud son excelentes ventanas de oportunidad para engullir conocimientos y ampliar los horizontes de un joven. No tengo parientes astrónomos, y de hecho, ningún familiar que esté remotamente cercano al quehacer científico, nadie me incentivó ni me guio, simplemente las fotografías del atlas fueron suficientes para mí. Han pasado veinte años, cierro los ojos y me veo en casa, en la quietud de una tarde de sábado, aprendiendo las distancias a la nebulosa de Orión, o revisando una y otra vez esa magnífica fotografía de la galaxia de Andrómeda. La conclusión de este pequeño inserto es que los primeros años de una persona son un terreno fértil que debe ser abonado con todas las herramientas posibles o deseables, por otra parte, lo que digo no es nada nuevo, infinidad de investigaciones refrendan que esto es así y siempre me alegra ver a los padres que (al margen de cualquier limitación), por medio de juegos y hobbies, intentan familiarizar a sus hijos en nuevos campos de la experiencia o el saber.

Pues bien, hasta que un día me decidí y salí en la noche a observar el cielo. Mi primer triunfo fue identificar Orión, que para todos estos efectos funciona como un excelente punto de referencia. A partir de Orión pude distinguir Sirio, Aldebarán, Las Pléyades, Canopus..y luego la Cruz del Sur, las nubes de Magallanes y un largo etcétera. A esa edad pequeños triunfos dejan una satisfacción duradera en el espíritu.

Pero claro, la observación a simple vista tiene unos límites y pronto sentí que necesitaba un telescopio. Esto era más complicado, era el año 1997 y los telescopios eran un artefacto bastante caro y yo no tenía ingresos propios, pero comencé a ahorrar con bastante disciplina, además de solicitar “donativos” a los miembros de la familia. Tras varios meses de ahorro reuní el dinero y viajé hasta Santiago en compañía de mi hermano mayor para adquirir uno. No tenía exactamente claro cuál sería el más conveniente para mí, había muy poca información disponible y yo no conocía personas que pudiesen orientarme en la temática. Hoy existen blogs y páginas excelentes que brindan toda la orientación que necesites sobre el tema, pero en aquellos años un adolescente como yo se batía con lo poco que podía investigar. Viéndolo en retrospectiva, mi primer telescopio lo adquirí casi "a dedo", guiándome por mi limitado presupuesto y algunos consejos que me dio la encargada de la tienda. Pues bien, adquirí un Konustar 50X700, y debo decir que fue una compra bastante acertada. Traía dos oculares, de 8mm y 20mm, y cuando lo utilizaba con el ocular de 20mm los resultados eran muy satisfactorios. Era un refractor, lo que significa que usaba una lente para captar la luz procedente de objetos lejanos. La lente enfocaba la luz hasta una lente secundaria que desviaba la luz 90° hasta el ocular. Me proporcionaba unos 30 aumentos, más o menos la misma capacidad de los primeros artilugios utilizados por Galileo cuatrocientos años antes. Regresé a Rancagua con mi nueva adquisición y me propuse enfocar la primera presa de todo aficionado: la Luna, que en aquellos días estaba en cuarto creciente.

La Luna es el cuerpo celeste más cercano a la Tierra, a 380.000 kilómetros de distancia, tres días de viaje para una misión Apolo. Instalé mi nueva adquisición y observé su superficie. Los mares se distinguían claramente, salpicados de cráteres de todos los tamaños. Un punto muy brillante destacaba sobre todo lo demás, era el cráter Tycho y su brillante sistema de rayos, aunque yo no lo sabía. El resto de mi familia hizo fila para dar un vistazo y quedaron bastante satisfechos. Al día de hoy no conozco a alguien que después de mirar la Luna por el ocular exclame: "ah... ¿solo era eso?"…personas así deben existir, pero no me las he topado.

Luego de hartarme con la Luna comencé las observaciones de otros cuerpos. En este sentido, siento que seguí el mismo itinerario, con pequeñas variaciones, que siguió Galileo Galilei cuando enfocó su telescopio al cielo durante los últimos meses del año 1609: Sol, Júpiter, estrellas, Saturno.

Si la visión de la Luna es formidable, Júpiter logra enamorar. Me costó encontrar el planeta, yo era un principiante con mucho entusiasmo pero pocas nociones sólidas. Tras algún esfuerzo lo pude ubicar pasada la medianoche, observando el cielo desde el frontis de mi casa. Había bastante contaminación lumínica, pero aun así la observación fue un éxito. Lo primero que distinguí fue el evidente disco del planeta. No era solamente un punto brillante como las estrellas, sino que podías discernir la forma esférica achatada del planeta. Su complejo sistema de bandas se distinguía con cierta dificultad. Pero lo más notable fue sorprender un enjambre de puntos brillantes alrededor del planeta, los famosos satélites galileanos Ío, Europa, Calisto y Ganímedes, todo un sistema solar en miniatura.

En fin, el paso de los años y el entusiasmo me fueron dando cierta práctica. No existen los éxitos inmediatos y cada satisfacción apareja un grado de esfuerzo. Mi visión retrospectiva es que fue un tiempo excelentemente invertido. Posiblemente en alguna entrada futura les comente un poco más sobre mis inicios. Hay alguna que otra experiencia pintoresca que tal vez valga la pena relatar... 

Como ya saben, yo no soy astrónomo profesional. Mi verdadera profesión está relacionada con las ciencias sociales, pero por supuesto, esto no me limita y considero que las personas deben cultivar sus intereses hasta donde deseen (o les sea posible).


sábado, 4 de noviembre de 2017

M7, el cúmulo de Tolomeo



M7 (NGC 6475) se encuentra a unos 900 años luz de la Tierra, en la constelación del Escorpión. El empeñoso Tolomeo fue el primero en registrar su presencia (de ahí su nombre) durante el siglo I, consignandolo en su catálogo estelar Almagesto. Es un cúmulo abierto con menos de cien estrellas y se encuentra en la dirección visual del centro galáctico. En opinión de muchos sería el objeto profundo más llamativo del Escorpión.

Los cúmulos abiertos están formados por estrellas nacidas de la misma nube de material estelar. Al principio se encuentran unidas por la fuerza de gravedad, pero el paso de los eones termina por desarmar estas familias. Algo similar sucederá con el grupo de las Pléyades (M45) y con todos los cúmulos estelares que hoy nos son tan familiares. De la misma forma, nuestro Sol tuvo que gestarse dentro de un cúmulo, pero durante los 5.000 millones de años transcurridos en su vida el Sol se habrá alejado considerablemente de su familia original y ya no es posible considerar con certeza donde estaba su lugar de nacimiento. Algunos estudios consideran que el cúmulo M67, ubicado en la constelación de Cáncer, podría ser el lugar de nacimiento del Sol, pero no podemos asegurarlo.

M7 se formó hace ya unos 220 millones de años, y está constituido en su mayoría por estrellas jóvenes y azules más calientes que nuestro Sol. Abarca una extensión de unos 25 años luz (seis veces la distancia que nos separa de Próxima Centauri). Visto desde la Tierra tiene un diámetro aparente de unos 80 minutos de arco, el doble que su vecino M6.

M7 es el más austral de los objetos Messier. Debido a su declinación (-34º) su observación es bastante sencilla desde el hemisferio sur. El cúmulo tiene una magnitud aparente de +3.3, distinguible a simple vista, a unos cuatro grados de la azulada Shaula (lambda Scorpii), la estrella que marca el aguijón del Escorpión, a medio camino entre Sagitario y el Escorpión. No debe ser confundido con su vecino M6. Por supuesto, sin instrumentos ópticos solo podrás ver un minúsculo borrón lechoso y nada más. Por esta razón todos los observadores anteriores al telescopio consignaban estos objetos como "nubes", sin poder descubrir su verdadera naturaleza. Se acepta que fue el astrónomo italiano Battista Hodierna el primero en distinguir las estrellas del cúmulo, registrando la existencia de una treintena antes de 1654. La ayuda de unos simples binoculares nos permitirá resolver las estrellas que forman la estructura. Un telescopio de unos 60 mm de apertura nos dará una buena apreciación del cúmulo. Dada su gran extensión es necesario utilizar oculares de campo amplio. El área central está poblada por estrellas blancas y azules de magnitud 6, con algunas rojizas dispersas por la periferia. La integrante más brillante sería HIP 87472 (HD 162517, SAO 209390), una anaranjada de magnitud 5,8 ubicada en uno de los extremos de la colección. Algunos observadores han descubierto una forma de H en el cúmulo. Al igual que las estrellas de M6, ninguna de las integrantes de M7 tiene nombre propio, solo las denominaciones asignadas por los modernos catálogos estelares. Charles Messier lo incluyó en su famoso listado de "no cometas" en 1764.

Dada su cercanía al plano galáctico, M7 aparece sobre los densos campos de estrellas del centro galáctico, hecho que tiende a enmascarar el verdadero brillo del cúmulo. Realmente este objeto sería más conspicuo si estuviese ubicado en regiones oscuras del firmamento, donde podrían lucirse sin tanta competencia.

El cúmulo de Tolomeo (Lorand Feynes).

La mejor época del año para su observación es durante el invierno, cuando el escorpión se encuentra alta sobre el horizonte. A mediados de julio el cúmulo casi pasa por el cenit. Por estas fechas (principios de noviembre) el cúmulo se pone por el oeste a mediados de la medianoche, y a mediados de diciembre dejará de ser visible desde la latitud de Temuco. No se lo pierdan, es un objeto fabuloso.

Densos campos estelares son el telón de fondo del cúmulo de Tolomeo, verdadera colección de diamantes (Dieter Willasch).


Ubicación de M7, a medio camino entre las constelaciones de Escorpión y Sagitario (Stellarium).



Representación del cúmulo M7 en el programa Stellarium.


martes, 24 de octubre de 2017

M6, el cúmulo de la Mariposa


Los cúmulos estelares son objetos extraordinarios para un aficionado a la astronomía, siempre prestos a dar un espectáculo valioso al observador, al margen de las capacidades de nuestros telescopios. Hoy quiero hablar de uno de mis favoritos, el Cúmulo de la Mariposa.



M6 flota magicamente sobre el trasfondo del centro galáctico. El brillo anaranjado de BM Scorpii rompe su homogéneo brillo (Sergio Eguivar).


Se acepta que fue el astrónomo italiano Giovanni Battista Hodierna el primero en consignar la existencia del cúmulo antes de 1654, sin embargo, parece que Tolomeo ya lo había divisado durante el siglo I. En realidad, lo que Tolomeo parece describir en su obra Almagesto es M7, otro destacado cúmulo estelar a muy poca distancia de nuestra mariposa, pero sería bastante extraño que un observador tan avezado como Tolomeo hubiese visto uno y no el otro, dada la escasa distancia que los separa. Finalmente, en 1764 Charles Messier lo incluyó en su catálogo de objetos no cometarios (justo esos molestos objetos que él no deseaba encontrar), donde recibió la designación de M6.

El nombre de "Mariposa" se lo debemos al astrónomo aficionado estadounidense Robert Burnham, autor del magistral Celestial Handbook, quien lo describe como "un encantador grupo cuya disposición sugiere el perfil de una mariposa con sus alas abiertas"

M6, tambien llamado NGC 6405, es un cúmulo abierto situado en la constelación del Escorpión, a un costado de las estrellas que señalan el aguijón del arácnido. Las estimaciones sobre su distancia varían dependiendo de la fuente consultada, pero se acepta una distancia promedio de unos 1.600 años luz de nosotros. Está compuesto por un centenar de estrellas, en su mayor parte jóvenes estrellas calientes y azules de la secuencia principal, tipo espectral B. La única excepción (y diríamos conspicua excepción) la constituye BM Scorpii (HD 1603791), una supergigante naranja que otorga la pincelada de variedad al cúmulo. BM Scorpii es un estrella tipo K0.K3Ib que ya salió de la secuencia principal y se encuentra quemando elementos más pesados que el hidrógeno para sostener su gigantesca fuerza de gravedad. Producto del aumento de tamaño la estrella ha visto un descenso de su temperatura superficial, hasta unos 3900 K y ha adquirido un matiz amarillento-anaranjado que contrasta notablemente con sus azuladas compañeras. Además, BM Scorpii es una estrella variable irregular, cuyas magnitudes aparentes varían entre 5,5 y 7, de hecho, sus cambios de brillo afectan a todo el cúmulo, y esta es la razón de que el cúmulo entero aparezca con distintas magnitudes aparentes, dependiendo de en que fase se encuentre su principal integrante.

Se ha calculado una edad de 100 millones de años para el cúmulo (prácticamente la misma edad que las Pléyades), apenas ayer a escala estelar. Abarca un diámetro de 12 años luz, aunque algunas fuentes lo duplican hasta 25. Desde la Tierra tiene un tamaño aparente de unos 25 minutos de arco, más o menos el tamaño de la Luna llena. Al igual que las Pléyades, el cúmulo terminará por separarse, debido a que los juegos gravitatorios tienden a separar a los componentes, y cada estrella seguirá su propio camino en torno al centro galáctico, pero esto no sucederá hasta dentro de un buen rato, al menos unas decenas de miles de años.

El cúmulo tiene una magnitud aparente de 4,2 y es visible a simple vista, no obstante, el uso de telescopios revelará su verdadera belleza. No es difícil ubicarlo y lo mejor es utilizar las estrellas del aguijón como guía. M6 está a unos 4 grados de Shaula (Lambda Sco) y Lesath (v Sco) las estrellas que marca el aguijón del escorpión. Hay una abundancia de estrella y cúmulos por el sector así que deberán tener paciencia, de hecho M6 es el objeto Messier que está más cerca -visualmente- del plano galáctico y del corazón de nuestra galaxia. No debe ser confundido con M7, el cúmulo de Tolomeo que ya mencionamos más arriba. Un ocular de 25 bastará para tener todo el objeto en el campo visual y nos permitirá una apreciación general de sus características. Como siempre, cielos oscuros son recomendables. A través del ocular. M6 aparece como un grupo de estrellas homogéneamente distribuidas, sin que sea posible distinguir concentraciones importantes de astros, de hecho, el cúmulo contiene muy pocas estrellas en comparación a otras formaciones (por ejemplo, las Pléyades tienen unos 500 integrantes). Prefiero no pronunciarme sobre si realmente es posible distinguir la silueta de una mariposa, porque es un tema subjetivo y queda a vuestra imaginación, aunque podría concordar con el emprendedor Burnham. Al principio yo no hubiese sido capaz de ver el insecto, pero una vez que conocí su nombre me fue posible reconocer la silueta. Intenten eso con el Sagitario, Cetus o cualquier otra constelación… es que ni agudizando la imaginación. La anaranjada BM Scorpii está ubicada en una de las alas de la mariposa y forma un contraste evidente con el resto de las estrellas. M6 flota en el universo, con el trasfondo de los densos campos estelares que caracterizan el centro de nuestra galaxia.

En el hemisferio austral, la mejor época del año para observar M6 es en invierno, cuando Escorpión y el plano galáctico son visibles durante gran parte de la noche. Ahora llegó la primavera (escribo en octubre de 2017) y el cúmulo es cada vez más escurridizo, pero todavía nos quedan varias horas tras la puesta de Sol para efectuar la observación. A mediados de noviembre ya no será visible y deberemos esperar hasta el próximo invierno.




Reproducción de M6 en el programa Stellarium.





lunes, 16 de octubre de 2017

La habitabilidad de los planetas del sistema TRAPPIST-1


TRAPPIST-1 es una estrella enana ultrafría ubicada a unos 39,14 años luz de distancia, en la constelación de Acuario. Su masa es un 8% de la masa solar y en cuanto a diámetro sería apenas un poco más grande que Júpiter. Viviría en el más absoluto anonimato, de no ser porque en 2016 se confirmó la presencia de siete planetas de tipo terrestre (sólidos) orbitando a su alrededor, de los cuales tres estarían situados en la zona de habitabilidad de la estrella.


Ya hemos mencionado que el hecho de que un planeta esté situado en la zona de habitabilidad no quiere decir que sobre él prospere la vida, ni mucho menos. Nada más nos indicaría que existe una posibilidad (si se conjugan otros factores fundamentales) de que el planeta mantenga agua líquida sobre su superficie, al estilo de la Tierra, un hecho que haría crecer las probabilidades de que el mundo pueda desarrollar algún tipo de vida, aunque sea microbiana.

Los planetas del sistema TRAPPIST-1. Los siete serían de tipo terrestres y los mundos e, f y g estarían ubicados en la zona habitable (NASA).

Concepción de un planeta del sistema TRAPPIST-1. El artista lo representó con océanos, pero no tenemos certeza de que esto sea así. Las distancias que separan los mundos del sistema son tan pequeñas que el cielo está permanentemente engalanado con ellos (NASA).


Desde el descubrimiento del sistema planetario que orbita en torno a TRAPPIST-1 se han publicado una serie de estudios que intentan describir cuál sería la habitabilidad de los planetas de marras. La gama de estudios abarca desde las posturas pesimistas (los planetas están más muertos que Judas) hasta las posiciones optimistas (el escenario es adverso, pero la vida siempre encuentra una rendija para colarse... estilo Jurassic Park).

En el caso de TRAPPIST-1, los planetas situados en la zona de habitabilidad serían TRAPPIST-1 e, f y g. Sin embargo, esto tiene sus complejidades. En primer lugar, las excesivas fulguraciones de rayos X y ultravioletas de TRAPPIST-1 podrían destruir la frágil envoltura atmosférica de sus planetas, dejando la superficie a merced de emisiones extremadamente dañinas para la vida. Sin embargo, algunos de los mundos descubiertos presentarían acoplamiento de marea con su estrella madre, es decir, que siempre presentan el mismo hemisferio a su estrella (como el caso de nuestra Luna). El lado que siempre mira hacia la enana roja no ofrece muchas esperanzas, porque estaría expuesto en forma permanente a las altas temperaturas y radiaciones. El hemisferio nocturno podría ser demasiado frío, pero nos quedaría una estrecha franja crepuscular donde las condiciones debiesen ser más benevolentes. Por otra parte, algunos de los planetas podrían mantener un campo magnético -núcleo metálico mediante- capaz de frenar las partículas cargadas del viento estelar.

Estar situado en la zona de habitabilidad implica que un planeta no está ni muy cerca de su estrella para quemarse, ni muy lejos para congelarse. Pero este concepto también tiene truco. TRAPPIST-1 es una enana roja más vieja que el Sol (se cree que el sistema completo tiene unos 8.000 millones de años). En su juventud, las enanas rojas son inestables, más brillantes y calientes. A medida que envejecen se estabilizan y su brillo disminuye. Por ende, es fácil comprender que su zona de habitabilidad es una zona movible que tiende a contraerse con el paso del tiempo. Planetas que antes estaba en su zona de habitabilidad ya no lo están. Por ejemplo, puede ser que el planeta más exterior del sistema -TRAPPIST-1 h- albergase mares, ríos y lagos de agua. A medida que la estrella alcanzó su madurez su brillo disminuyó y las zonas exteriores del sistema se volvieron más frías. Podría ser que TRAPPIST-1 h experimentase una paulatina disminución de sus temperaturas planetarias, hasta que el frío fuese demasiado adverso para el desarrollo (o mantenimiento) de la vida.

En el caso opuesto, los planetas más cercanos a la enana roja sufrieron todos los efectos de la artillería pesada de su estrella madre: altas temperaturas y bestiales cantidades de radiación. El paso del tiempo terminaría por incluirlos en la zona habitable, pero la gran pregunta es si alguno de estos mundos fue capaz de resistir el caldero inicial y retener algún tipo de atmósfera benigna, que es lo que todos esperamos. Si alguno de ellos contiene oxígeno se podría generar ozono, que es una barrera protectora contra la radiación ultravioleta. Por supuesto, aquí hay muchos factores involucrados y es difícil ponderarlos todos. Por ejemplo, desconocemos si en los mundos más alejados pueda existir un efecto invernadero que pueda elevar las temperaturas globales, o en que medida las fuerzas de marea originadas por la escasa separación entre los mundos del sistema (recordar que TRAPPIST-1 es prácticamente un sistema miniatura, que algunos comparan con Júpiter y su grupo de satélites) o fuentes de calor internas puedan generar efectos impensados. Tampoco tenemos forma de saber si los planetas han estado siempre en su ubicación actual. Es posible que naciesen más lejos de su estrella madre, y en ese caso podrían haber desarrollado atmósferas primitivas, con importantes contenidos de hidrógeno. Luego migraron hacia el interior a sus posiciones actuales, conservando parte de su constitución atmosférica original.

En directa relación con la cuestión de si estos mundos han sido capaces de preservar atmósferas amigables con la vida, tenemos el problema de la presencia de agua sobre sus superficies. En todo caso, los últimos estudios (en plan optimista) sostienen que alguno de los mundos pudo retener algo de agua sobre la superficie, o quizá la mantenga en forma subterránea. Una mirada pesimista dice que los planetas podrían haber perdido (con todo en contra) un volumen de agua equivalente a unos 20 océanos terrestres, mientras que las posturas más optimistas sostienen que la pérdida sería de unos tres océanos terrestres, en otras palabras, que aún podría existir una cantidad de agua interesante sobre alguno de los mundos. Este es un dato clave, porque eventuales microorganismos podrían prosperar en estas masas de agua, de la misma forma que la vida primitiva prosperó en los océanos pese a las altísimas cantidades de radiación que provenían de nuestro Sol.

¿Por qué tanto énfasis en el agua?... en principio, otras formas de vida podrían prescindir en absoluto de ella, o de todos los elementos que nosotros consideramos esenciales en la recetas de la vida. Un organismo extraterrestre podría seguir caminos evolutivos que escapan a las posibilidades contempladas por la más exaltada ciencia ficción, sin embargo, parece lógico que el primer paso en la búsqueda de vida en los exoplanetas esté orientado por lo que nosotros sabemos sobre el fenómeno, y en nuestro mundo todas las formas de vida necesitan agua (en cantidades variables por supuesto). Una vez que hayamos descartado la existencia de vida según nuestros parámetros podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación y estudiar otras opciones.

Por ahora no tenemos forma de progresar en el estudio de los mundos de la enana TRAPPIST-1. El Hubble agudizó su ojo todo lo que pudo y analizó el espectro de un par de planetas del sistema, pero fue incapaz de descubrir rastros de hidrógeno, una mala señal para las posturas optimistas. Todo lo que podamos deducir se ve difuminado porque no conocemos todos los factores presentes en la ecuación y los márgenes de error son grandes. Tendremos que esperar hasta la entrada en servicio del telescopio espacial James Webb (que será lanzado el 2019) para disponer de nuevos antecedentes. Mientras tanto la imaginación sigue volando.







Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...